Buenas tardes a todos los presentes: ciudadanos, trabajadores municipales, autoridades civiles, autoridades militares y compañeros de corporación y felicitaciones a los homenajeados

Nos encontramos hoy aquí para celebrar el 40 aniversario de la constitución española, una constitución que se proclamó en 1978 tras 40 años de régimen oscuro, funesto y dictatorial y que dio paso a la DEMOCRACIA.

Esta constitución, cuyos padres son perfectamente conocidos, también tuvo madres, unas madres que hoy queremos hacer visibles porque lo que no se nombra no existe. Efectivamente eran pocas pero tuvieron un papel decisivo en la redacción de la Constitución Española. Así, por ejemplo:

– En la elaboración del artículo 14 Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social intervino de forma brillante la diputada Teresa Revilla.

– Hay  que destacar también la labor de Pilar Brabo en el artículo 20 de manera especial en lo referido a la libertad de expresión y al papel de los medios de comunicación.

– En el artículo 32 sobre la igualdad jurídica del hombre y la mujer en el matrimonio fue clave el trabajo de Dolores Pelayo y Belén Landáburu.

– En el artículo 27 referido a la educación intervinieron Marta Mata, Gloria Begué y Belén Landáburu.

– Y los artículos 40 y 41 referidos a los principios rectores de la economía fueron prácticamente redactados por Gloria Begué.

Queremos hacer desde aquí nuestro humilde homenaje a estas madres, que una vez más la historia ha invisibilizado por el único hecho de ser mujeres.

La Constitución es la norma suprema que impone las reglas de juego de una sociedad democrática, pero no puede ser intocable. Fue redactada por hombres y mujeres de una época determinada y los hombres y mujeres que hoy tienen responsabilidad política deben tener capacidad para reformarla y actualizarla y que dé respuesta a nuestra realidad. Si esto no se consensúa y se hace, corremos el riesgo de que se convierta en un lujoso ejemplar con letras grabadas en oro que solo sirva para adornar los despachos institucionales.

Es más, tampoco esto supondría ningún avance si no hacemos que se cumplan los derechos que la Constitución garantiza. El papel es noble y lo aguanta todo. Un país donde la justicia no sea independiente, un país que no atienda toda la diversidad, un país donde las mujeres sigan cobrando menos que los hombres y  en el que los derechos sociales no estén garantizados para toda la ciudadanía, es un país cuyos representantes tienen mucho trabajo por delante.

Y es que la clase política, en la que en este momento me incluyo, debe reconocer que los artículos más importantes no se cumplen. A saber:

  • El Artículo 27 recoge quetodos tienen el derecho a la educación, esta tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. Sin embargo, España se mantiene, un año más, como el segundo país de la Unión Europea con mayor abandono escolar, con una tasa del 18,3%de jóvenes entre 18 y 24 años que han abandonado de forma los estudios en la educación secundaria. No se invierte en recursos para mejorar la situación, una situación que arroja un número importante de jóvenes sin formación y sin capacidad crítica que pueden dejarse atrapar por ilusionados que pretenden acabar con el progreso de años de luchas y reivindicaciones.
  • Aunque el Artículo 35 dice que “todos los españoles tienen derecho al trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo”, los datos objetivos indican que en noviembre de 2018 el paro en nuestro país es de 3.252.867 personas. Y por si fuera poco, un 13,1% de los trabajadores viven en hogares que no alcanzan el 60% de ingresos medios. Es indecente e incompatible con el Estado social y democrático de Derecho definido en la Constitución que hoy conmemoramos asumir que en España hay 13 millones de personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social y no hacer nada.
  • El Artículo 43 “reconoce el derecho a la protección de la salud. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios”. Sin embargo nuestro sistema público de salud se desmantela: hay un incremento de las desigualdades por Comunidades Autónomas, clases sociales o lugar de residencia, las listas de espera son cada vez más grandes, se margina la Atención Primaria, son continuas las privatizaciones y el crecimiento del gasto farmacéutico es desproporcionado.
  • Mientras el Artículo 47 aboga por que “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, el drama de los desahucios sigue muy presente en España. Según datos publicados por el Consejo General del Poder Judicial, en el segundo trimestre de 2018 se produjeron 17.152 desalojos forzosos, un 1,7% más que en la misma etapa del año pasado. Además, más de 19 millones de personas en España sufren pobreza energética.

Podría seguir desgranando los artículos de nuestra Constitución pero no quiero cansar. No obstante, me gustaría mencionar al gran poeta sevillano Antonio Machado cuando escribió  en 1912:

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Mientras haya desigualdades, niños sin juguetes, jóvenes sin futuro, “personas ilegales”, ciudadanos sin trabajo,  desahucios o asesinatos machistas, seguirá habiendo dos Españas.

Estas reflexiones me sirven y deseo que sirvan también a todos los que aquí están representando a la ciudadanía para tener presente que no podemos bajar la guardia. Debemos celebrar el día de la Constitución todos los días del año, sin sellos, sin banderas, sin actos. Hemos de defender  los derechos y las libertades a toda costa, en las instituciones, en la calle, en la casa o en el trabajo cada día porque somos demócratas, porque tenemos memoria y, sobre todo porque tenemos responsabilidad y sentido común.

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