El resentimiento por no poder dilapidar a su antojo unos presupuestos que nos condenan a una irremediable ruina, altera de tal forma a la Sra. Alcaldesa que se convierte en censora municipal, aunque a escondidas, eso sí.
Por mucho que mientan y por muchas artimañas que usen, nuestra responsabilidad pasa por salvaguardar el interés general de nuestro pueblo. En ningún caso, intereses particulares o partidistas se antepondrán a este principio.
Gastan por encima de nuestras posibilidades a sabiendas y lo tendremos que pagar en los próximos años.




